Texto #12 : La pregunta Se plantean seis preguntas fundamentales (la primera: «¿Existe dios?», la última: «¿Quién soy yo?»). Las respuestas nos llegan de todos los confines del mundo: son un conjunto heterogéneo donde la seriedad coexiste con la candidez, el humor, incluso con un dibujo o un canto. Un conjunto que simboliza el saber humano, en su precariedad, su inconclusión y su carácter finito. Un saber desgastado, rodeado por todas partes de un territorio oscuro, infinitamente más vasto de lo que lo serán jamás nuestros conocimientos: lo Desconocido. Lo ignoto escapará, sin duda, al saber humano, por eficaz, agudo y rico que este sea. Aquí, la luz estará forzosamente confinada entre las tinieblas de nuestra ignorancia. Para siempre. Esto se debe a que lo Desconocido no es, por definición, ni limitable ni aprehensible, ni mucho menos reductible. Avanza y se amplía a medida que nuestros conocimientos aumentan.
Porque lo
Desconocido rompe el
confinamiento (anulando la acción
del primer antagonista).
Los cuestionarios recogidos se escanearán antes de ser introducirlos en las
columnas translúcidas. Estas columnas constituirán una instalación específica: el
Bosque de Almas.
El Ser humano
Cualquiera puede responder sin la más mínima censura. En este punto un santo
tendría los mismos derechos que un criminal. El anacoreta frecuentará al pedófilo y el
cordero pastará con el lobo. Un cuestionario, uno solo, por persona. No queremos ni
comprarlos ni hacer acopio para nosotros. El Bosque de Almas está abierto a todo ser
humano como tal, sin prejuicios en lo que respecta a filiación, fortuna o valor moral.
Es universal tanto en su principio como en su puesta en práctica. Está destinado al ser
humano desnudo, frágil y solo frente a la muerte. Es la materialización de la ausencia
de juicio, siempre tributario de los Bienes Supremos imaginados por el hombre
(anulando el segundo antagonista: la intransigencia).
El Tiempo
Si pensamos en un periodo de ochenta años, nada impide los rebotes, las
continuaciones o los avatares ulteriores. El Bosque de Almas es la concreción del
espíritu que la anima, y debe tener continuidad bajo otras formas (que habrá que
inventar).
Ochenta años, una vida entera — ni nosotros ni nuestros colaboradores
veremos el final. Símbolo de nuestra vanidad y de lo Desconocido que la rodea, abre
una falla, una grieta en el epicentro de nuestro orgullo, tan propenso a impulsarnos
hacia adelante. Un orgullo que ha sido desmantelado por nuestra ignorancia y que
tendrá que rebrotar, bajar la cabeza y abandonar su deseo más anhelado: la voluntad
de poder (el tercer antagonista).
El recogimiento
A partir de ahora nuestro punto de vista resulta más comprensible: considerar el
Bosque de Almas (tanto en su espíritu como en sus formas) como un lugar ideal para el
recogimiento.
Pero, ¿qué somos nosotros exactamente? De hecho lo ignoramos, a
pesar de nuestras ilusiones y nuestras verdades. Lo ignoramos en el sentido más
rotundo y sin esperanza de remisión. Lo ignoramos, por muy sabia que se haya vuelto
la humanidad. Ciegos a nuestros destinos, marcados por lo Desconocido, incapaces de
descubrirnos, solo hallaremos sosiego en la humildad. Invisible a sí mismo, el ser humano tendrá que dejarse llevar y lanzarse más allá de sí mismo, sacrificando una
instancia mental de la que ya hemos hablado: el Ego y sus fastos (el cuarto antagonista)
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